Ápeiron.

domingo, 17 de marzo de 2013

Acabo de leer un cuento de Julio que me termino de enamorar de él, pensé en que algunas personas deberían ser inmortales. Algunas cosas hasta las increíbles a veces logré convertirlas en palabras, pero otras que merecían parte de mis letras no las concreté. Al leer esta historia, me sentí un espejo de Cortázar, al igual que cuando termine de leer rayuela y me sentí parte de la Maga y Oliveira, pero el punto es que lo conocí más, supe que sentía, no me importaron los echos que lo hacen glorioso si no su ser, él logro llegarme desde sus palabras metafisicamente, descubrí sus gustos, qué sentía y como, lo autentico que era, me siento en la línea en él que el es mi espejo ahora, al igual que yo le gustaba viajar, al igual que yo estaba tan loco... Yo ahora soy una escritora frustrada, él fue un fotógrafo frustrado. Es ilógico admirar tanto a alguien, no soy pro del fanatismo, no le voy a crear un altar por reflejarme y proyectarme en una persona que a pesar de haber fallecido hace tantos años me acompaña, él no supo quién soy, yo tampoco supe quién era (o quizás si, todos, la mayoría de los lectores estamos enamorados de él y lo preferimos) pero el punto es, que esta personas (al igual que muchos grandes) deberían ser infinitos, es injusto que lo bueno dure años vida, cuando deberían ser años luz...




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