Para Sartre, el hombre carece de una esencia previa que determine o condicione de antemano su existencia. Antes bien, es el propio desarrollo existencial del hombre el que lo dota de una esencia, de una determinación susceptible de definirlo. Es más, lo peculiar en el ser humano es la ausencia de naturaleza propia que lo condicione o que le otorgue un modelo de conducta, que lo provea de un destino o de un quehacer especifico. En esto se diferencia del resto de los seres materiales y naturales, los cuales propiamente no existen, si no que 'son', 'consisten' en algo. Inventándose a sí mismo a cada instante y creando sus propios valores, el hombre existe y tiene conciencia de su existir: sabe que es pura contingencia, indeterminación absoluta, proyecto siempre inconcluso y constantemente con posibilidades de decidir. Rehusar esta condición y evadir el ejercicio de nuestra libertad es propio de la 'mala fe', es decir, se trata de una farsa con la que pretendemos justificar nuestra claudicación frente a la libertad, mediante la cual rechazamos el hacernos cargo del proyecto que somos. La mala fe imposibilita y elimina la autenticidad.
Sartre distingue dos niveles de ser: el ser-en-sí y, en contraposición, el ser para-sí.
- Ser-en-sí. Es el ser de las cosas, de la realidad no humana. Es lo que se aparece a la conciencia y, por tanto, no es más que un fenómeno, una manifestación que debe ser develada, descrita fenomenológicamente. Características:
- Increado, la creación no lo puede explicar.
- Opaco, 'lleno de sí mismo'.
- Macizo, ya que está aislado en sí mismo y no mantiene ninguna relación con lo que no sea de él.
- Ser-para-sí. Está referido a la persona en lo que tiene de ser humano y no de realidad 'cosificada'. En los seres humano podemos distinguir dos niveles de 'ser' distintos: el propiamente humano y libre: y la parte común con los seres no humanos, la dimensión de 'cosa' u objeto, que tiene cuatro aspectos principales. El ser humano es 'cosa':
- Por su cuerpo, es un cuerpo entre los demás cuerpos.
- Por su pasado, no se lo puede modificar.
- Por su situación, la circunstancia que nos toca vivir puede limitar nuestras posibilidades de elección.
- Por su muerte. Con la muerte culmina el absurdo de la existencia: 'es absurdo que hayamos nacido, es absurdo que muramos'
Sartre concluye que la dimensión fundamental del 'para sí' es la libertad. Dado que el para-sí 'no es', tiene que hacerse. De aquí deriva el principio característico del existencialismo: "la existencia precede de la esencia".
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