La forma elegida por Sócrates para la enseñanza era el diálogo, privilegiando la función de preguntar más que la de contestar los interrogantes. Prefería provocar la reflexión del discípulo para que por sí mismo descubriera la verdad.
Sócrates sostenía que este método lo había aprendido de su madre. La misión de él consistía en ayudar a dar a luz un conocimiento que ya estaba en el discípulo. No tenía como función transmitir un saber sino, más bien, provocar su búsqueda.
A este método lo llamó mayéutica. Consistía en interrogar acerca de un problema que supuestamente el oyente dominaba por ser su ocupación u oficio; a través de preguntas hábilmente formuladas llevaba al interlocutor a una contradicción con lo que había afirmaba.
Sócrates utilizaba la ironía para desenmascarar ese supuesto saber, y así darle la ocasión a su interlocutor de reconocer su su ignorancia. Éste es el momento de catarsis intelectual. De aquí la afirmación socrática: "sólo sé que no sé nada". Saber que no se sabe, o sea adquirir la conciencia de la propia ignorancia, es el primer escalón de la sabiduría.
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