Según las costumbres y las convenciones, la presencia de una mujer es de un género diferente a la del hombre. La presencia de un hombre depende de la promesa de poder que él encarne. La presencia de un hombre sugiere lo que es capaz de hacer para ti o de hacerte a ti. La pretensión se orienta siempre hacia un poder que ejerce sobre otros.
En cambio, la presencia de una mujer expresa su propia actitud hacia sí misma, y define lo que se le puede hacer o no hacer. La presencia es tan intrínseca a su persona que los hombres tienden a considerar casi una emanación física, una especie de calor, de olor o de aureola. Y así llega a considerar que la examinante y la examinada que hay en ella son dos elementos constituyentes, pero siempre distintos, de su identidad como mujer. Los hombres examinan a las mujeres antes de tratarlas. El aspecto o apariencia que tenga una mujer para un hombre puede determinar el modo en que la trate.
La presencia de toda mujer regula lo que es y no es "permisible" en su presencia. Cada una de sus acciones es interpretada también como un indicado de cómo le gustaría ser tratada. Los hombres actúan y las mujeres aparecen. Los hombres miran a las mujeres. Las mujeres se contemplan mientras son miradas. El supervisor que lleva la mujer dentro de sí es masculino: la supervisada es femenina. De este modo se convierte a sí misma en un objeto, y particularmente en un objeto visual, en una visión.
En los desnudos europeos encontramos algunos de los criterios y convenciones que han llevado a ver y juzgar a las mujer como visiones.
En obras de Tintoretto, Susana se mira en un espejo. De este modo, se une a sus espectadores. El espejo fue utilizado como símbolo de vanidad de la mujer. Sin embargo, hay una hipocresía esencial en esa actitud moralizante. Tú pintas una mujer desnuda porque disfrutas mirándola. Si luego le pones un espejo en la mano y titulas el cuadro Vanidad, condenas moralmente a la mujer cuya desnudez has representado para tu propio placer.
Conviene señalar que en otras tradiciones no europeas la desnudez nunca se supina de este modo. Y si el tema de alguna obra es la atracción sexual, lo más probable es que muestre un amor sexual activo entre dos personas.
Las mujeres son representadas de un modo completamente distinto a los hombres, y no porque lo femenino sea diferente a lo masculino, sino porque siempre se supone que el espectador "ideal" es varón y la imagen de la mujer está destinada a adularle- Y si tienen alguna duda de que esto es así, hagan el siguiente experimento. Elijan una imagen de un desnudo tradicional. Transformen la mujer en hombre, ya sea mentalmente, ya sea dibujando sobre la ilustración. Observarán entonces el carácter violento de esta transformación. Violento no para la imagen, si no para las ideas preconcebidas del que la contempla. -

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